iPhone, Patentes y Derechos de Copia

El iPhone es un teléfono primero y una computadora después. Apple intenta garantizar que la experiencia de usar el iPhone supera a la de otros teléfonos. Este es el primer motivo de existencia del jardín cercado. Apple provee un servicio controlando la calidad de las aplicaciones que entran a la tienda. También censura aplicaciones que podrían resultar ofensivas o controversiales. Está claro que el iPhone es un paquete producto-servicio, prácticamente hermético. A mi personalmente no me gusta que Apple elija por mi, por eso no tengo un iPhone, pero a mucha gente le sirve el servicio que Apple brinda, por lo que usan un iPhone felizmente. El hecho que haya adquirido semejante cuota de mercado lo demuestra: La experiencia iPhone es realmente buena para la mayoría de los usuarios.

Ahora, el problema comienza cuando uno quiere el hardware sin el servicio. Después de todo este debería ser un derecho, es decir, el hardware es propio, ¿no?, ¡NO!. Gracias a la arbitrariedad de las leyes en torno a patentes y derechos de copias, en EEUU existe la DMCA, y por las gargantas colectivas del resto del planeta pronto será empujada su versión internacional, la ACTA. En resumen, esta ley impide que puedas usar TU hardware como te de la gana. Estas leyes impiden que se pueda legalmente modificar el software que viene con el iPhone. Por eso no hay nadie vendiendo versiones modificadas de iPhone, con software alternativo, y los que proveen estos softwares son grupos prácticamente clandestinos.

Esto ocurre prácticamente en todo el mundo informático: Los grandes fabricantes de hardware y software han podido utilizar un sistema de privilegios estatales monopolísticos de patentes y derechos de copia para cerrar la posibilidad a los usuarios de computadoras y teléfonos celulares de usar sus aparatos a su antojo, y crear desarrollo incremental.

Las patentes y derechos de copias crean escasez artificial de información, que de otro modo fluirían libremente de forma paralela al mercado material. El sistema crea un derecho de propiedad sobre objetos inmateriales que resulta finalmente inmoral e injusto, inmoral porque ofrece un monopolio absoluto sobre cierta información a un grupo por un periodo de tiempo arbitrario, impidiendo que esta información pueda ser utilizada por otros. Injusto porque ciertas ideas patentadas resultan obvias, o han sido producidas por más de un inventor simultáneamente. El primero en llegar a la oficina de patentes gana.

En un sistema auténticamente liberal no habría patentes ni derechos de copia, porque no coartaríamos la propiedad física de ningún modo. Tu podrás hacer con tu papel fotocopias de lo que quieras, copiar en tu CD y DVD cualquier cosa, y utilizar tu disco duro y conexión a Internet para copiar y compartir lo que quieras. Los derechos de propiedad se deben restringir a los bienes físicos tangibles susceptibles a escasear directamente, y nada más.

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